miércoles, 28 de octubre de 2009

Descargas ilegales

He leído un artículo de Javier Marías en El País Semanal donde da rienda suelta a su irritación ante las descargas de música y películas (y muy pronto libros, subraya) propiciadas por los internautas “sin conciencia”. Este eterno tema de debate ha suscitado ya numerosas polémicas, y claro, el autor, que de joven robaba material discográfico en grandes almacenes, ahora está en el otro lado, es decir, en el creador, y por supuesto esas descargas no le convienen si no quiere ver mermados sus ingresos. Y esto lo justifica aludiendo a sus ideales políticos de ataque al sistema capitalista. Hoy en día los medios son otros, pero la razón del hecho delictivo es la misma: los jóvenes no se pueden permitir comprar esa “cultura” de que habla el señor Marías. Es lo mismo.

Declara abiertamente que no ve solución al problema, pues se ha arraigado la costumbre de descargar entre los internautas y ya será imposible desligarlos de semejante fraude.
Por lo visto el autor no ha leído las opiniones del “otro lado” del debate en este problema: la solución tanto en la industria musical como en la cinematográfica pasa por REDUCIR LOS PRECIOS. El mundo literario es diferente, no sé por qué ha englobado esta industria con las otras; funcionan de manera distinta.

Si por un CD de mi grupo favorito no tuviera que pagar 15, 18 o 20 euros según los casos, me lo compraría. Pero estoy en el paro. O si soy mileurista y no llego a final de mes, no me lo puedo permitir. De ninguna manera. Si bajasen el precio, digamos a 5€, y esto ya se ha dicho en otras ocasiones, la mitad (si no más) de los internautas que descargan música y películas acudirían a las tiendas a comprarlos. No se molestarían en iniciar una descarga que luego no se oye bien y hay que volver a empezar, más el tiempo y las molestias de la descarga. E incluso compraríamos más CDs, porque por ese precio no nos importaría adquirir el de nuestro cantante favorito y el de algún otro por capricho. Y más gente compraría. De este modo, las ventas aumentarían muchísimo más y sus ganancias serían mucho mayores. Aun con un menor precio, sí. No hay que ser un economista para darse cuenta.

Pero no, esa solución ni la contemplan. En vez de eso, se pasan el tiempo quejándose como idiotas de las bajas ventas y las descargas ilegales y pierden el tiempo en idear toda clase de tretas y artimañas para prohibirlo por la vía judicial o la que sea. Basta ya. Que miren el precio de las entradas de cine. El de los CDs. Y que lo bajen. Ésa es la solución. No hay otra.

Por cierto, cuando Alberto Vázquez-Figueroa anunció y ofreció en su blog la descarga gratuita de su última novela, Saud El Leopardo, en muchos comentarios la gente en señal de agradecimiento confesó que compraría la novela de todas maneras.

2 comentarios:

Mista Vilteka dijo...

Pues yo compro música por internet para descarga en mp3. Más barata y, para este pecho más útil, porque me gusta sólo tenerla ahí: en mi computador-ordenador-laptop.

En cuanto a los libros, no sé. Los compro usados: son más baratos.

Aitor Antxia dijo...

Un disco que entra en catálogo (digamos en el Discoplay, por ejemplo) lo venden a unos 10 euros; y se supone que siguen ganando dinero, si no, no lo venderían. Cuánto queiren ganar estos tíos cuando sacan el disco nuevo a 20 ó 30 euros. Y lo digo yo que toqué en un grupo y tenemos discos publicados, aunque sea hace mucho tiempo. ¡Que les den!
Además, la mayoría de los grupos, con lo que ganan dinero es con los conciertos. Hay que vender muchísimos discos para ganar dinero, con la mierda de porcentaje que te llevas. A lo dicho: ¡Que les den!