Ella hizo un comentario y él se quedo inmóvil por dos segundos, con la taza del café en la mano; de repente, dio media vuelta y, con un dedo apuntando hacia ella, le comunicó que todo había terminado. Recorrió a grandes zancadas el estrecho pasillo hacia la habitación. Ella lo siguió al cabo de unos momentos en que intentó comprender qué había sucedido allí. El microondas aún estaba en marcha; en los dos minutos en que la leche tardaba en calentarse todo había acabado, pensó absurdamente. Se quedó mirando la taza dando vueltas a través del cristal de puntitos. Finalmente, lo siguió hasta la habitación. Se estaba vistiendo a toda prisa. Ella se apoyó contra la mesa sin decir nada. Sabía que cuando él estaba en ese estado no había nada que ella pudiera hacer o decir para suavizar las cosas. Aun así lo intentó.
-Se ha acabado. –Repetía él sin cesar.
Y así, sin decir ni una sola palabra más, salió por la puerta con las escasas pertenencias que había acumulado en la habitación de ella.
Por unos segundos se sintió tentada de llorar. Pero la situación se le antojaba demasiado absurda como para ello. Varios años tirados por la borda en un minuto y una frase. No era posible. Pero analizándolo con calma se dio cuenta de que era definitivo. Él había hecho esto en un arranque de ira, pero luego sería demasiado orgulloso para volver.
Quizá de verdad había acabado. Quizá había hecho falta sólo esa chispa, ese comentario, para acabar de una vez con una relación que no tenía sentido ni amor, tan sólo inercia y compañerismo.
Quizá había alguien más, y por eso todo había sido tan repentino y carente de sentido alguno.
En el fondo sabía que era lo mejor, pero allí, en aquel momento, dolía acabar con algo que había durado tanto. No volver a tener la presencia de esa persona en aquella habitación, tener que quitar sus fotos, cualquier cosa que le recordara a él. Mientras hacía esfuerzos por no llorar, pensaba “es mejor así” y “pero mira esa foto, cuando empezamos”, y “ahora me siento mejor” y “dentro de dos semanas es su cumpleaños”, y mientras alisaba las sábanas aún revueltas, “pero me siento como mas aliviada”, y “quizá ya no vuelva a dormir aquí”, y otra vez las lágrimas luchando por salir y ella tratando de reprimirlas. “Y ahora qué hago con el regalo”, mirando hacia el cajón donde lo había guardado, ya envuelto. “Qué voy a hacer hoy” y “tengo que ponerme a leer o ver una película”. Cogió la camiseta que él se acababa de quitar y la sostuvo en sus manos, sin saber dónde dejarla. “A lo mejor viene ahora”, “a lo mejor me llama luego”, pero “mejor si no lo hace, esto tenía que acabar”; “Ahora puedo hacer lo que yo quiera, no lo que él elija”, y sentía la habitación cada vez mas vacía, sus pensamientos haciendo eco en las paredes. “Esa planta me la regaló él”, “ahora voy a hacer mis propios planes, sola, por fin sola”. Pero no se sentía demasiado reconfortada.
Cogió un libro y empezó a leer, confiando en que las líneas, la historia envuelta en ellas, alejarían sus recuerdos, su nostalgia y el vacío que él había dejado al marcharse.
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2 comentarios:
Pues adios..y a otra cosa. Un beso, Isa!!
Estoy de acuerdo, adiós, y a zambullirse en un libro que demostrará que la realidad sigue siendo igual con o sin la gente... Besos...
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