lunes, 12 de enero de 2009

Lo que hay que oir

Ayer en la televisión ofrecían un reportaje sobre Sir Alan Sugar, el director de Amstrad y previamente también del equipo Tottenham, que no tuve más remedio que ver ante la bazofia televisiva usual (Inglaterra), y por la que además los ciudadanos tienen que pagar (sí, sí, por las cadenas públicas). Este personaje es extremadamente soberbio, y visto está que se siente superior y con una inteligencia muy por encima del resto de los mortales, pobrecillos de nosotros.

Durante un tiempo estuvo dando clase en la universidad, y llegó a decir de sus alumnos que su nivel era muy bajo y no entendían lo que él estaba diciendo; o sea, que los tachó de idiotas a todos, sin contemplar la remota posibilidad de que sus explicaciones fueran incomprensibles.

A mitad de reportaje nos muestran su mansión de Marbella frente al mar, de unas dimensiones que no voy a entrar a describir por no deprimirme, pero que seguro todo el mundo puede imaginar. Tenía una piscina paradisíaca sobre la que comentó con desdén que a él no le gusta nadar, y cuando la entrevistadora le preguntó si le gustaría vivir en España, respondió con la soberbia que le caracteriza que para nada, sólo le gusta ir de vacaciones dos semanas al año a disfrutar del sol, única ventaja que le encuentra a nuestro país, puesto que según él no hay nada que hacer ni ningún sitio adonde ir.

Coincidiría en afirmar que comparado con Londres, Marbella ofrece mucha menos variedad en ocio, pero de ahí a despedir por su agria boca semejante afirmación… Cogiendo cualquier autobús o tren podría ir a donde se le antojara por menos de la mitad de precio de lo que cuesta un billete en Inglaterra para recorrer la misma distancia, y podría disfrutar de una calidad cultural y artística sin igual solamente sin salir de Andalucía.

Para colmo, que eso provenga de un célebre y multimillonario personaje como él, me parece incomprensible, porque si aún viene de algún común mortal como yo se podría entender, ya que mis medios y economía son limitados, y mis posibilidades más ligadas al clima (hoy, por poner sólo un pequeño ejemplo, estamos en penumbra, tan gris y encapotado esta el cielo, y hace un viento huracanado y lluvioso digno de no salir de casa).

Al final, uno percibe que su superioridad es sólo un complejo, una fachada para ocultar sus dos grandes fracasos como empresario, Amstrad y el Tottenham.

3 comentarios:

pilar dijo...

El mundo está lleno de acomplejados. Lo malo es cuando se creen superiores, pobres....

Francisco José Peña Rodríguez dijo...

de estos especímenes hay muchos por aquí... ¿o no?

Francisco José Peña Rodríguez dijo...

y qué rápida es pilar comentando...