sábado, 15 de noviembre de 2008

Escapar de uno mismo

A veces me gustaría escapar de mí misma. Por un ratito nada más. Me gustaría no convertirme en otra persona, sino en una planta, una flor silvestre en medio del campo, al aire libre, disfrutando por unas horas del sol fundiéndose en mis pétalos como un cálido abrazo, respirando un aire puro, una brisa campestre que penetrara por mis hojas cual caricia refrescante. Y no pensar en nada. Sobre todo no pensar, dejar mi mente en blanco y concentrarme sólo en los sentidos, en la caricia suave de la brisa y el cálizo abrazo del sol, y en el zumbido monótono de algún insecto que se acercara revoloteando sobre mí.
De no poder ser una planta o disponer de múltiple elección, también me gustaría ser un pájaro. Un gorrioncillo de los que pasan desapercibidos y así poder extender mis alas, levantar el vuelo y gozar de esa sensación de libertad que nos imaginamos estos animales tienen. Volar alto, muy alto cerca del sol, sintiendo sus rayos penetrar por entre mis plumas junto con el viento fresco y puro del cielo. Entonces me daría la vuelta y observaría el cielo azul sobre mí, inmenso y pacífico, hermoso e infinito. Y tampoco pensaría en nada, sólo me concentraría en todas estas sensaciones.

Por desgracia, lo más aproximado que podemos llegar a estar de esto es mediante el uso de la imaginación. Practicando la meditación uno puede ser cualquier cosa, pero no es lo mismo. Cuando uno medita está pensando. Pensando en meditar. Pensando en tener la mente en blanco.
No es posible dejar de ser uno mismo. Vivimos en los cuerpos que nos han tocado en suerte, vivimos con nuestra personalidad, nuestro carácter, nuestro genio y templanza, nuestros conocimientos y con las elecciones que hemos ido haciendo. Y muy poco se puede hacer para cambiar todo eso. Uno se puede reformar, se puede remodelar, puede llegar a ser más decidido, más generoso, más amable, pero en el fondo seguirá siendo el mismo tipo de persona.
Y por muy lejos que nos vayamos, pensando que así todo cambiará, nuestros problemas, preocupaciones y nuestro yo no nos seguirán, nos equivocamos. Todo viene detrás, es un viaje completo. Llegamos a un nuevo lugar, empezamos una nueva vida, y resulta que las mismas inquietudes, preocupaciones y similares problemas vuelven a aparecer. Estamos atrapados en la vida.

Así que lo mejor es consolarnos con la fantasía de ser flores o pájaros pero afrontando nuestra vida diaria como mejor seamos capaces.

3 comentarios:

pilar dijo...

Supongo, que lo mejor es tener los pies en el suelo. Si vuelas muy cerca del sol te puede pasar lo mismo que a Ícaro...Pero a veces es bueno no pensar, desconectar. Aunque sea un momento, un rato... Un beso Isa, muy bonita reflexión.

Francisco José Peña Rodríguez dijo...

Me ha gustado mucho este post... si quieres ampliar cosas, escríbeme: paco_ministro@yahoo.es. Besicos... Francisco

Isabel dijo...

Muchas gracias a los dos. Besos