Ya hemos sido testigos del problema que representa para la SGAE deleitar con música a clientes que remodelan sus peinados en las peluquerías, pero ahora se extiende a todos los comercios de España. Sin ir más lejos, en una tienda de deportes de Novelda (Alicante) le han puesto una multa al dueño por tener la radio puesta en la tienda para solaz de la clientela. ¿PERO LA RADIO NO ES GRATUITA Y PÚBLICA? ¿No están incurriendo en la más obvia ilegalidad al intentar prohibir algo que cada ciudadano puede escuchar en el coche, en casa, en la calle, en definitiva, en cualquier parte? ¿No es la radio un bien público? En esa misma línea, también debería escandalizarnos que eliminen cualquier intento de difusión de la cultura más ancestral y clásica de este país prohibiendo en los colegios y ayuntamientos representar obras de autores que llevan 500 años en la tumba.
Esta situación tiene un nombre muy claro: DICTADURA. El siguiente y necesario paso es prohibir la libertad de expresión, como sucede en Venezuela. Y lo que hace la SGAE, bajo el amparo del Gobierno, que permite todos estos abusos, va a acabar con la cultura española.
Estamos pasando a ser una sociedad contraria al uso del raciocinio, una sociedad de paletos, de analfabetos y borregos, que paguen más y más por todo pero que callen y confíen en palabras necias que escupen las pantallas de sus televisiones, eso sí, prohibido analizar, prohibido dar su opinión. Ver, callar, y pagar. Vivir de las pensiones, de las políticas sociales, pero nunca poder trabajar para prosperar. No te pronuncies en contrario, te colgarán del cuello calificativos desfasados desde hace más de treinta años...
Una sociedad en la que se castigará el silbido, el tarareo, cualquier expresión de alegría colectiva que tenga como base la música, que ya no oiremos en ningún sitio más que en el ámbito privado del hogar (y bajando el volumen, por favor, no la oigan los vecinos y se aprovechen de ese CD por el que no han pagado porque no pueden porque están en paro y que escuchan a través de ventanas entornadas y visillos descorridos). Una sociedad sin cultura, una sociedad del ridículo, donde en una parte del territorio español ya se prohíbe y castiga a quienes rotulan sus comercios con ese idioma, el del país al que pertenecen. Y esto se consiente.
No sé de otros ciudadanos, pero a mí estas vicisitudes mi infunden un pavor funesto. Si no ponemos remedio todos los españoles uniéndonos y manifestándonos contra esta dictadura, esta ruina para nuestras mentes y nuestra economía, nos vemos abocados a vivir en la más pura miseria.
Nota: Pensándolo bien (perdón por ello), si en mi comercio disfruto del derecho de admisión, podría restringir la entrada a esta panda de ladrones, puesto que la entidad a la que representan es privada y no pública y no representan a ninguna autoridad, a ver cómo podrián ponerme así la multa. Lástima que no estudié derecho (¿alguien que lo haya hecho podría echar un cable para resolver esta situación?)
No lo permitamos, por nuestro bien, por nuestra dignidad.
"La chica gótica"
Hace 4 horas
